
(nota: no se pierda al final de este post un avance de las aventuras de VALERIO)
Hoy se me ocurrió hablarle a mis amigos judíos y musulmanes para desearles feliz navidad. Por más que intento, a mi al rededor no veo cristiano alguno. Los únicos que podrían pasar por cristianos, uno se desdice y quisiera ser pagano, pero es el primero apuntado para la misa tridentina del 30 de Diciembre.
(Una misa tridentina es una de esas misas que se daban antes del Vaticano II, donde el cura mira para el altar, todo lo hace en latín, y regaña a los fieles desde el púlpito. Púlpito: no es un pulpo pequeño, sino esa especie de caseta de policia que hay en las iglesias barrocas, con escaleras, y donde dice "prohibido subirse", que ya no se usa, y está ahí como un adorno incomprensible).
Daniel, quien se dice católico pero no cree en la carnalidad e historicidad de Cristo (es un hereje común y corriente... bueno, ni tanto, porque el hereje común lo es por su desconocimiento teológico, mientras que Daniel es un hereje por exceso de conocimientos), nos ha convocado a la misa tridentina.
Y yo tengo un problema moral: resulta que he de ir con la cabeza tapada (como en película mexicana de los cuarentas). ¡Santo! eso es tan antifeminista.
Y no lo digo en broma: Pablo de Tarso (pablote para mi abuelita) dijo que la mujer debía entrar al templo con la cabeza cubierta porque su gloria es su señor (o sea, su marido) y el hombre con la cabeza descubierta porque su gloria es Dios. Pero luego, Agustín, hijo de la buena Mónica, explicó que aquello estaba dicho en sentido metafórico y no literal (en algún lugar de la Ciudad de Dios... antes del libro XII porque hasta ahí la leí). Porque si fuera literal, ante los ojos de Dios hombres y mujeres serían distintos, y para Agustín el homo interius no es algo afectado por los accidentes del mundo. Yo, en mi ingnorancia, me pregunto si el que la mujer entrara con la cabeza descubierta, después del Vaticano II tiene que ver con el feminismo de santos lindos como mi Agustín.
No sé. Tampoco sé por qué me gusta tanto la navidad, las esferitas los buñuelos y los tamales. Tamales porque mi familia es norteña y comen tamales y no esas barbaridades de pescados vizcaínos... y me gustan los regalos y esperarse a las doce de la noche para abrirlos. Y los villancicos y ver los coros navideños en el canal 22. Y me gustan los nacimientos. Y lo más raro de todo es que no soy cristiana, ni mi mamá ni mi papá. Mi abuelita era protestante, pero el 25 ella no celebraba el nacimiento de Cristo sino el advenimiento de la familia de todos los puntos del país. Por eso, si veo a un no cristiano le digo Feliz Navidad...
Pues no sé. Según unas cosmogonías, el 25 es día del Solsticio, y los pueblos del norte ponían muérdago, y para los persas era el día en que renacía Mithra, y para los Católicos Apostólicos remonos, el día del nacimiento de Cristo (porque para los Ortodoxos es el seis de enero). Pero para mí la navidad es un día tan ontológico como el primero de enero: la ciudad se detiene. La gente es feliz, generosa, buena onda. Se cortan menos cabezas, se avientan menos granadas. Los aguinaldos se transforman en regalos y la gente prefiere afrontar pobrezas en enero que privarse de buena fiesta navideña (y el comerciante hace su agosto, pero nada es perfecto).
Pues feliz navidad, Hánuka para quien haya leído el libro de los Macabeos (en griego, curiosamente escrito en griego), feliz renacimiento de MItrha para los persólogos y los Mazdeístas, feliz Solsticio de Invierno para los pueblos comepavosarándanos...
Es que diría Umberto Eco que quien hace su tesis sobre la tuberculosis se ha de enamorar, al fin y al cabo de la espiroqueta... y yo, tantos años metida con santos y dioses y solsticios... me he enamorado de los cristianos: esas criaturitas que, además de un tema de tesis, me regalaron la Navidad...
¡¡¡Feliz Navidad!!!
¡¡¡Coca cola para todos!!!
¡¡¡JO JO JO JO JO!!!
La esponjojojojojojita
VALERIO:
Bueno, la cosa está así: pronto terminaré la primera temporada. Valerio y su fiel esclavo Marcio se han encontrado con Marcial, quien dirige la misión, y con el Sirio Severino Josefo, quién sabe casi todos los idiomas del mundo conocido, y tiene secretos muy secretos que pronto se revelarán para sorpresa de todos. Encuentran además a Ulrike, la vidente que no ve el futuro ni el pasado, sino sólo el presente, y al faquir que encanta serpientes.
Como no he conseguido un mapa (ciertamente el mapa de National Geographic lo tengo pegado en la pared junto con el del Imperio Persa... trae muy poquitas ciudades, pero me ayudó a decidir por qué vía mandarlos a Tréveris), casi todos los lugares que salen son inventados.}
Bueno... pronto, en cuanto tenga mi IBOOKSOÑADAYADORADAIDOLATRADAYQUEALFINTENDRÉENMISMANOS, comenzaré a subir, en facículos, la primera temporada... espero que la disfruten...
Valerio, Marcio, Ulrike, Josefo y Marcial les desean feliz navidad (aunque el único cristiano de la novela es Valerio)...
Salú...







