29 diciembre 2011

Más notas

(quienes fuimos niños en los ochentas recordamos al Profesor A. G. Memelovsky (nótese el middle name como indicación de su origen "extranjero"), extraño personaje, sinónimo de super científico, que salía en Odisea Burbujas)

1.- Me faltaron agregar algunas cosas (recuerden, estas son puras notas). La primera que el otro reencuentro del año fue... ta ta tan... ¡pos ese señor que regresó de los Unites! Y eso más bien iría a la parte de "las cosas más deleitosas del año". Y el amigo del año, pos el Paquiux. Y la cabeza del año (¡oh mi tesis no sería la misma sin él!) el señor Tormentas. Y la veterana del año, Chupacabras, mi anciana gatita de 17 años. Y ya... eso anoto para hoy.

2.- Cuando me di cuenta de que jamás terminaré la tesis si me meto demasiado con los espejitos, me puse a leer de nuevo a Hasse. Total, lo que me interesa (EN ESTA TESIS... Oh cómo me tienta para después) de la óptica de Avicena es nomás averiguar, así, en dos o tres párrafos, por qué Alberto defiende con uñas y dientes un argumento que Avicena despacha en dos patadas con un "non teneo nec intelligo". Creo que la respuesta tiene una cara sencilla y una completa. La sencilla es que la postura de Avicena implica que la luz ¡se mueve! (¡escándalo!). La compleja es mi capitulín: las "especies-intenciones" existen fuera del alma ya con todo su ser capaz de representar.
Decía el otro día que la tesis parece dos: una de los espejitos y otra de las ovejitas. Lo que quiero defender es que los espejitos explican el origen del contenido semántico de las "intenciones simples", es decir, de aquello que será compuesto y dividido por la fantasía. Y el origen del contenido semántico de las "intenciones compuestas" pues proviene de la composición y división. Lo único original –por decirlo así– de Alberto es que dicho contenido semántico –que es el contenido proposicional accesible a las criaturas sin facultades discursivas– es una intención por sí misma: la intentio non sensata. Lo que no sabemos si es original de Alberto o no es el modo en que se origina el contenido semántico de los elementos que se ponen en relación. Pero que sea original o no no es tan importante como el lugar que ocupan en el todo de la teoría. Quizás Alberto no tiene esa claridad extraordinaria de Tomás. Pero definitivamente tiene un pensamiento sumamente poderoso.

3.- A ratitos sigo leyendo Der Turm (bueno, la Torre, que no pude leerla en alemán) del señor V de Vaca (o sea Uwe). Y quizás no es tan ágil para contar historias (nada que ver con el brillante Mijail Bulgákov). Pero tiene una habilidad extraordinaria para describir ambientes y otras cosas. Cuando ya estoy muy cansada, me dan ganas de ponerme a leerlo como si eso fuera equivalente a irme a meter a la sala de La casa de los mil ojos y ponerme a acariciar al gato del nombre larguísimo (dice graciosamente Uwe que un gato ¿para qué quiere un nombre corto, si hace lo que le viene en gana y de nada sirve llamarlo a voluntad?).
Tiene un problema de traducción, pero supongo que es intraducible. Uno de los personajes circunstanciales ha vivido más de 20 años en Quito Ecuador. Y todos le preguntan, muy ansiosos, cómo ven la política alemana desde afuera quienes viven fuera de Alemania del Este. Y entonces Uwe insiste en que el tío Sándor (el personaje en cuestión) pronuncia raro el alemán, a pesar de haber nacido en Dresde. Que no hace los cortes donde van y, entre palabra y palabra agrega un "mmhhh". De pronto me cayó el veinte del fenómeno que trataba de describir. Mi profesor de griego, que además es lingüista y especialista en Tojolabal, fue quien me explicó hace años: las lenguas mayas poseen "cierre glotal" que corta las sinalefas propias del castellano. Cuando usted "imita" a un yucateco, lo que hace es, justamente, llenar de cierres glotales las palabras para cortar las sinalefas... cuando imita el profesor Memelosky a un "alemán" hace exactamente lo mismo, además de hacer de todas las "eres" "erres".
Bueno: lo que hace el tío Sándor, según trata de describir el traductor, es ponerle sinalefas al alemán... ¿cómo traducir eso?
Además Uwe se la pasa describiendo el acento "sajón" y el modo de hablar de la vecina checha. Supongo que entender correctamente todas esas descripciones (que han de ser muy buenas) implica dominar el alemán... en fin... gajes de la translatio de una lengua a la otra.

Ya. Es todo. Me regreso a Hasse... y terminemos de una buena vez con todo esto.

PD: de nuevo más abrazos a Felicidad Batista, cuyas palabras son hermosas (y acá les promociono su Blog, muy maravilloso: "Buenos Aires 1929 Café Literario".


Ah sí: el músico del año fue un austriaco, Haydn...



28 diciembre 2011

Casi Víspera

Sólo unas notas para el post del 31 de diciembre


Lo mejor de este año, indudablemente Qualia. A él lo rescaté de las garras de dos adolescentes en Acatlán el año pasado. Pero fue este año que su convivencia se volvió uno de los centros de mi vida.

El suceso del año: el 'Aquinas'. No hay de otra. A él están ligados muchísimos sucesos, que van desde la clase de filosofía de la mente en la UAMI hasta una comida con A.L. a la cuál me invitó el Demiurgo, haber conocido a M. Ch. y ¡no haber podido intercambiar con él más que palabras intrascendentes! conocer a R.T. (el único que no hablaba español de todos ellos) y la amistad con F. O'R.

Por obvias razones el personaje del año es el Asesor. Y sólo si consigo redimirme con él, este año valdrá la pena haber sido vivido. (Y el remordimiento del año es no haber pagado completa la cuenta aquella vez... tenía 40 pesos en la bolsa. Debí haber pagad :(, porque ya en La Salle descubrí que tenía un idiota billete de 200)

Las experiencias del año fueron, indudablemente, mi transformación en Higo Psíquico: la psiquatra y el psicoanalista, llamados aquí respectivamente higuiatra e higoanalista. Mucho descubrí de mi, aunque a destiempo. Pero si sus frutos son cosechados este año con la tesis, todo será bueno. Y la desdanielización. Eso.

El reencuentro del año: mi papá.

El transporte del año: el Metrobús línea 2. Medio año de Xola a Rojo Gómez y medio año de Xola a La Salle.

La universidad del año: se lo disputan la UAM, La Salle y la UP. Bueno, más bien fue el año en que descubrí que hay más mundo que la UNAM.

La clase del año: bueno, la que tomé de filosofía de la mente y la que di de Presocráticos a Platón. Y ahí los descubrimientos del año fueron Dennett y el Teeteto.

El tema del año: los espejos animados.

La novela del año: A Canticle for Leibowitz. Y Der Turm, pero eso nomás por las consecuencias exóticas que tuvo su traducción al castellano. La novela en sí misma es un poco densa. Y relacionado con Der Turm, el cuento que más me gustó: Dresde, carta cerrada (digo, de los que escribí yo).

Y el vicio del año: FB y TW (y mi breve época de alcoholismo que, afortunadamente fue tan cara, que la crisis económica me liberó de ella: puro whiskito). Y el cigarro... *sigh* fue un año lleno de vicios.

La bloguera del año: Felicidad Batista. Un gran abrazo desde aquí.

Y por ahora lo que recuerdo.

Feliz día de los inocentes.

27 diciembre 2011

Creso, si cruzas el río Halys destruirás un gran imperio.


siempre creí que si aparecías
en un cuento, sería uno que
escribiera YO.


Era Creso. Y éste fue y consultó al oráculo de Delfos. Era sobre una gran batalla contra los persas. Y le anunciaron que él, el Rey, si cruzaba el río Halys sería la causa de la caída de un gran imperio. "El Persa", pensó él; pero cuando se hallaba preso por el enemigo y a punto de maldecir al oráculo, le advino la anagnórisis: el imperio destruído sería el suyo. Supo siempre la verdad, aunque en realidad no la sabía.

Esa es una leyenda que deja escapar un pequeño asombro de la boca del niño que la escucha por vez primera. Ahí hay una trampa más vieja que la historia aquella. Y, sin embargo, no hay quien dude en hacerla funcionar como novedoso experimento mental.

Un hombre se encuentra a su colega en la misma entrevista de trabajo. El colega, con más experiencia, tenía diez monedas en el bolsillo derecho, y el hombre vaticinó: "será el hombre con 10 monedas quien consiga el empleo". Para su sorpresa, no sólo el ganó la entrevista –a pesar de la inexperiencia y la sensación de falta de preparación– sino que en el bolsillo derecho descubrió 10 monedas. "Después de todo no estaba equivocado". Así pudo haber pensado nuestro querido Creso ¿no? El equivocado fui yo, no el oráculo. La verdad de las palabras que escuché no ha cambiado y, sin embargo, fui engañado.

El quid de la anagnórisis consiste en ello.

La perfección de Edipo Rey consiste en la absoluta necesidad de todos y cada uno de sus hechos. Quien "viene" a descomponerlo todo es Tiresias pues viene a informarle al trágico Edipo que algo fallaba con el referente que designaba "padre". Los oráculos ambiguos y trágicos son eso: proposiciones donde una referencia se toma por otra. Y desatan las tragedias de Edipo y Creso. La falta de imaginación de nuestro filósofo contemporáneo hizo del oráculo algo agradable, pero también oculta su verdadera naturaleza: la ventaja del que escucha relatos griegos es conocer el desenlace, es decir, las relaciones causales que dotaron de pleno sentido a las oraculares premoniciones. Digamos que conoce toda su justificación. Y el relato funciona justamente porque el escucha sabe que las proposiciones solitarias están cojas y son como puntos que requieren de líneas para mostrar su verdadero rostro. Pero también funciona por la sopresa que provocan. Hallar "el chiste" del relato consiste en eso, en colocar el referente preciso a ciertos elementos que cambian totalmente el sentido sin que por ello cambie en absoluto el valor de verdad de la proposición.

(¿y no consiste en ello algunos chistes?)

Y ahora que lo pienso, es curioso que Aristóteles, quien alabara tantísimo en la Poética a Edipo Rey por su perfección causal, no reparara en lo mucho que había que cambiar el Perihermeneias para dar cuenta de por qué había funcionado realmente su Edipo favorito.

Me voy. Tengo que narrar la lucha de Avicena contra los espejos animados.

26 diciembre 2011

Platanitos

Las letras la miraban.
O bueno, no era muy exacto decirlo así. Lo que ocurre es que al leerlos, tenía la sensación de que ellos la miraban. Sentía, a veces, que se reían de ella por no entender el sentido de alguna frase. Por eso le desesperaba leer poesía: nunca estaba a solas, al menos estaba ahí escudriñándola el autor, pensando para sus 'adentros': no, tú no me entendiste. Me entendió el editor, el traductor, el que transcribió mis palabras. Pero tú no.
Por eso le gustaban más los cuentos: ahí no la miraba el alma de nadie, sino que ella miraba al perro que Funes no reconocía como el mismo. 'Miraba' al perro y trataba de imaginarse cómo lo miraba Funes. Ese era el objetivo de Borges: que uno pudiera mirar el mundo como Funes. Y si en eso no consistía era lo de menos: ella aprovechaba para mirar cómo miraban los otros el mundo.
La consecuencia natural de hallarse en una selva de miradas, era no saberse presa o depredador. Y entonces creaba muchas murallas de palabras: más valía poderse inventar lo que otros mirarían que dejarse mirar así tal cual. O bueno ¿cómo se camuflajea el homo interius? El pequeño homúnculo que nada contiene, pues es un yo vacío, el clavo aquél al que se le cuelgan, como si fueran sombreros y chamarras, los recuerdos, las memorias, las imágenes y estructuras que la conforman.

La conciencia de qué era exáctamente lo que le ocurría no le advino sino hasta el momento en que encontró aquella novela. Una seríe de exóticas casualidades tuvo como consecuencia que un ser de carne y hueso resultara estar indirectamente representado en aquella, que se presumía como novela de ficción. Cuando los 'padres' de su amigo salieron a cuento en la novela, la dejó a un lado y decidió no seguirla leyendo –o al menos eso se propuso– ¿cómo andar mirando a donde nadie la había invitado?

Pero no. Aquello no era tampoco equivalente a aquella vez en que tomó el diario de su hermana y lo comenzó a leer. Aquella vez leyó un "capítulo" y se le rompió el corazón cuando entendió un poco el despreció que le tenía por no saber mucho de música. Se hizo, aquella vez, todo un drama: con justa razón su hermana estaba furibunda. Y ella muy avergonzada. Había ido a espiar no porque quisiera obtener algo a cambio, sino por una estúpida manía equivalente a las razones por las que el cleptómano roba. Pero se juró y le juró jamás volverlo a hacer. Pero lo volvió a hacer, después de que su hermana muriera. Entonces era poder hablar, de algún modo con ella. Pero tampoco pudo continuar. Ahora su hermana no podía defenderse.

No. Aquello de leer la novela nada tenía que ver. Porque la novela, editada, traducida, llena de notas para que el lector ígnaro las entendiera, estaba destinada al ojo público. Escrita para su deleite: por eso había que dar una pequeña cantidad de dinero a cambio de leerla. Y aquella 'casualidad' (tan extraña que merecía un propio cuento por sí misma) no hacía la diferencia. De todos modos el mundo que el autor describía era difícil de ser imaginado, tan difícil como cualquier novela de ciencia ficción, donde uno ni siquiera puede acudir a las fotos de la Wikipedia para representarse esos mundos exóticos y futuristas. O donde uno tiene que hacer un pequeño esfuerzo para no imaginarse el 'videófono' como la pantalla de la laptop con el Skype encendido.

Finalmente lo que más le había llamado la atención era el nombre del gato. Eso, y descubrir que todos los gatos son iguales, aquí y en Dresde. No podía imaginarse mucho más: nunca había visto nevar, y el frío más intenso que había vivido fueron esos 4ºC bajo cero en Durango, hacía algunos años. No tenía tampoco idea de lo que era vivir junto a un río. El único río cerca de ella era Río Churubusco. Se adivinaba como un antiguo río por sus curvas y, quizás, por sus eucaliptos. Papá sí conoció al río como río. Los abuelos incluso conocieron el modo en que ese río estaba conectado con los canales de Xochimilco (y cuando Nativitas era algo más que una estación de metro y llevaba chalupas de un lado a otro). Su imaginación no daba para mucho al momento de leer las páginas de aquella novela, que describía los copos de nieve que ella jamás había visto, ni las manos heladas, ni el vaho pesado y blanco... lo más parecido a ese vaho lo conoció aquella madrugada en Toluca que intentó fumar, y se sorprendió de cómo el humo se confundía con el pesadísimo vaho, más denso que el humo de cigarro. Y recordó que, cuando era niña, en el invierno de la capital jugaba a 'fumar' aprovechando el vaho invernal. (Y escribió vaho muchas veces, porque esa 'h' intermedia era divertida).

Pero, con todo, ya estaba cansándose de esta selva de 'miradas'. Ya no quería leer creyendo que la veían poetas y novelistas muertos. Quería leerlos en silencio, sin que Villaurrutia o Brecht la estuvieran espiando. Y, en todo caso, escribirle a nuevo novelista que estaba leyendo y darle su muy sentida opinión sobre la novela: ¡ay! no es tan buena... aunque la descripción de algunas cosas es maravillosa. Como cuando describe "La casa de los mil ojos". ¡Esa es buena!, o como cuando se pone histérico mientras ofrece un concierto con sus primos y porque se le suelta la cuerda del Cello. La cuerda del Cello...

Entonces se acuerda de Aurora y cómo la despertaba todas las mañanas tocando la Suite para Cello no. 1 en Sol mayor BWV 1007, que ella conocía únicamente como "la cancioncita de APAC", y ella, con su sueño pesado se metía entre las cobijas y Aurora tocaba y tocaba hasta que ella se levantaba furibunda porque su sueño había sido interrumpido.

Y entonces entiende la tentación de escribir autobiografías cambiando nombres y apellidos, y contar esas cosas estúpidas que luego se vuelven tan importantes cuando Aurora ya no está y el Cello yace guardado por más de diez años dentro de su estuche, y una pasa horas en Youtube buscando quién será mejor, si Yo Yo Ma o Jaqueline Dupre, pero ninguno es Aurora, y se odia por no haberle sacado un video pero sabe, de entrada, que hasta la fecha no tendría fuerza alguna para escucharlo otra vez. Y no podría. Y para eso sirven los recuerdos y la escritura: para mantener la ausencia a distancia prudente.

Y salta a la cama y lee otro capítulo de la novela, donde salen los 'tíos' (así, así lo entrecomilla él) que vienen de Ecuador y les traen plátanos; y entonces ella no puede imaginarse un país donde los plátanos sean un lujo, o donde la gente no sepa cuál es el color Mamey, o donde el helado de guanábana sea una cosa excéntrica. Porque cuando ella era niña se imaginaba que la nieve de los países donde nieva es pegajosa, porque si la nieve la pintan hermosa, seguro debían ser copos de guanábana cayendo del cielo, llenando de azúcar los campos y los techos de las casas.

Y sigue oyendo la Sonata, y extraña a Aurora, que cuando se llevó sus deditos pequeñitos y musicales, se llevó también más de la mitad de sus memorias (es que ella es tan desmemoriada) y se da cuenta de que jamás podrá hacer ficciones sobre la realidad de esas mañanas donde ella y Aurora se peleaban el mínimo espacio de su recámara, y que sólo planearon vivir juntas cuando se imaginaron que podrían adoptar un gato.

Y se levanta al fin de la cama y va a comprar un racimo de plátanos. ¡Tan baratos los plátanos! los "potacios" decía la abuelita, cuando el primo Valentín cayó enfermo de una rara enfermedad que lo despojaba de todo potacio. Entonces la abuelita iba a comprar platanitos dominicos y he hacía comer al menos un diario: ¡anda! ¡cómete un potacio!. Y ella se los comía sin imaginar que iba a extrañar todo lo que ahora extraña. Pero se niega a inventarse ficciones sobre eso.

Y mejor cambia el 'cassette', o el canal, o lo que haya que cambiar. Porque así como funcionan las asociaciones mentales, funciona el buscador booleano de Google, y se pone a oír a Yo Yo Ma tocando a Tchaikovsky (y duda si es Tscha o Tcha por culpa del alemán), y sigue con el estúpido latín de Avicena. Y deja ante la mirada de los lectores esta serie de memorias que protegen lo que en realidad ella es de ellos. Y desea, en el fondo, que esa muralla, similar a la musiquita de las llamadas en espera, sea al menos agradable para los lectores, que ni siquiera quieren enterarse de quién es ella –no son tan malos como ella cree– y sólo quieren entretenerse un rato... y, si acaso, venir a visitar al personaje de ficción que a veces ella es, y con quién ellos –¡oh lectores estructurales del relato!– sienten agradable compañía...

23 diciembre 2011

El hermano apócrifo

(si no entienden el cuentito, vayan a argostv.com, púchele a "El 8vo. Mandamiento" y entérese. Nomás no agarre vicio porque luego no acaba la tesis de maestría. Y no se pierdan la posdata del final)

¿Alguien ha visto alguna vez a la abuela de Julia, Diego y Camila? ¿Alguna vez ha dicho Julián "tu abuelo solía decir..."? ¿Isabel guarda algún rencor a alguna suegra perdida? ¿Por qué los niños Sanmillán no tienen tíos Sanmillán? ¿Acaso Julián era solitario hijo único? Además ¿por qué cuando se enoja se le alcanzan a oír algunas notas argentinas a la periodística voz del director de "El Tiempo"?

(este tipo de detalles es similar a la pregunta de cómo le hace el Hombre Araña para ir al baño... los super héroes también han de roncar, tener lagañas o sufrir sarpullidos)

Pues a todo eso hay una respuesta. ¡Sí señor! Y si Cervantes mismo sale en Don Quijote de la Mancha asustado por las versiones apócrifas de su hidalgo, he aquí que aprovecho el vacío de poder para revelarles la apócrifa verdad que todos querían conocer.

La cosa es así. Una joven mozuela porteña llegó a la mequetrefe ciudad de México llevando de equipaje el fruto de un amor prohibidísimo y escandaloso. Era pintora y con su talento sorprendió pronto a la pequeña sociedad bohemia que rentaba un departamento junto al suyo. Entre los frecuentes visitantes a las veladas artísticas se encontraba un joven heredero de una empresa dedicada a producir bebidas espirituosas. Él, conmovido por la tragedia amorosa que había expulsado a la bella pintora a tierras umbiloselenopolitanas, le ofreció apellido y fortuna para el fruto de aquél desgraciado amor. Ella, entre conmovida y seducida por la sutileza espiritual del empresario (acaso debido a la espirituosidad de su objeto de trabajo), aceptó la gentil oferta; y pronto se celebraron las nupcias.

Poco después, para sorpresa del joven matrimonio, nacieron no uno sino dos pequeños niños: hermosos como el sol e idénticos como dos gotas de agua. Al que nació primero lo llamaron Diego, y al que nació después, Julián.

Pero el joven matrimonio fue idéntico al del Evast y Aloma del que nos platica el catalán Lulio: ella, enamorada para siempre de su porteño amor, él platónicamente contemplándola, imposible. Pero un día el encantamento terminó, y el otrora salvador de la doncella, quiso consumar el matrimonio. Ante la airada negativa de la abnegada madre, en un rapto de ira (y alimentado por la excesiva espirituosidad que cierta bebida había infundado en sus torrente sanguíneo), el antes héroe cegó la vida de su amada. Ante el horror que un traicionero ataque de lucidez le presentó ante los ojos, el putativo padre se arrancó la vida, dejando a Diego y Julián en la orfandad.

Pero la Fortuna (acá en mayúsculas porque me refiero a una divinidad griega) tuvo a bien que los niños quedaran al cuidado del grupo de bohemios amigos que les conté al principio. Y al revisar los documentos que la occisa había dejado a resguardo suyo, dieron con la identidad del verdadero padre.

¿Quién era? ¿Cómo fue que aquella influencia y aquél oscuro secreto hicieron que uno se dedicara a hacer campaña contra el exceso en el consumo del alcohol y la prueba del añejo, mientras que el otro se hizo corresponsal de guerra?

Pues eso se lo tendrán que inventar ustedes, porque yo tengo que ir a acabar mi tesis de maestría. O luego se los cuento, nomás dejen entrego el primer borrador...

Esta historia continuará...

Esponjis.

PD: Bueno, el asunto es que de la Telenovela "El 8vo. Mandamiento" surgió un proyecto muy interesante: Pulso Ciudadano <- pínchele que es link. El asunto de esa web es la siguiente: es la gente usuaria de las redes sociales la que envía la información y, de alguna manera, se convierten en corresponsales. Usted, querido lector, ya podrá sacar las consecuencias periodísticas y políticas de ese experimento que, si funciona, serán grandes.

Sin embargo el detalle genial (y un poco bizarro del asunto) es que el mediador de ese proyecto no es una persona de carne y hueso, sino un personaje telenovelero-literario: Julián Sanmillán, protagonista del culebrón. Y así como en Twitter existen las cuentas de Nietzsche, Porfirio Díaz o Dios_Padre, así Julián Sanmillán abrió su propia cuenta de Twitter. Pero a diferencia del perfil de Porfirio Díaz, Julián Sanmillán sí posee vida propia y, de alguna manera DESDE LA TELENOVELA interactúa con el público.

Si bien lo relevante es que es una manera creativa de hacer activismo político, lo que a mi se me hace tremendo es la forma creativa elegida. Digo, yo valoro mucho el contenido político del asunto... pero la cuestión literaria, casi como si fuera una "instalación-performance", es lo que me seduce tremendamente.

¿No les ha pasado que leen una novela o un cuento —o incluso Mafalda— y quisieran interactuar con los personajes? ¿no se enamoran a tal grado, a veces, de ellos, que quisieran ser invitados a sus vidas e historias? De alguna manera eso ocurre con la parte "privada" del personaje de Julián Sanmillán. Como creación artística, es decir, mientras dure la novela, la mente maestra detrás de Julián Sanmillán, y Twitter, de pronto uno puede ir a darle su opinión a Julián sobre su vida privada, sus amores, sus rencores, sus traiciones. Y sin culpa: no hay nadie de carne y hueso que se ofenda. Y él interactúa. Es... es el sueño de cualquier fanático de la literatura...

En fin. Ya me voy. Disfruten el asunto porque a la novela le quedan pocos capítulos... y nadie sabe cuánto dure este país y, mucho menos, tan bello (y bueno) proyecto.

De vísperas y avisperos

Escribo y todo va bien mientras las palabras están en la boca. Las mastico y momento: quince masquidos con las muelas derechas, quince con las izquierdas (entonces recuerdo que ya tengo que sacar cita con el dentista por aquello de la muela del juicio chueca, cuya única labor en mi boca es llenarse de caries).
Masco y masco. Morder no fue tan difícil: los incisivos hicieron bien su labor. El sabor se pasea entre paladar y lengua y, finalmente baja por la glotis, garganta, evitan pasar por la tráquea y encuentran el camino correcto hacia el esófago.
Pero la cosa se pone mal ahí. No pueden entrar al estómago. Las palabras se hacen bolas y de pronto siento una pelota de tenis en la boca del estómago.

Así llevo varios textos... una, dos, y con suerte tres cuartillas. Y de pronto siento ahí la pelota de tenis en la mera boca del estómago. No... no puedo digerirlas.

Estos son los alimentos que no he podido tragar:

1.- Que de qué se trata el asunto de la intencionalidad y qué tiene que ver con las dificultosas percepciones accidentales. Que si al tocar una olla caliente una cosa es sentir el calor en la mano (¡quema, quema!) y otra 'percibir' que "la olla está caliente". La 'sensación' es la misma, la información asaz diferente. Ocurre, sin embargo, que uno jamás 'siente' rojo del mismo modo en que 'siente' caliente. 'Rojo' va siempre con "manzana roja". La proposición aristotélica de "eso blanco es el hijo de Diares" lleva el "eso" metido ahí, haciendo ruido. Es más: Aristóteles no lo formula así como "eso blanco". El lenguaje nos hace trampas. "Vemos" la "hijidad de Diares", "vemos" dulce... y no parece haber inferencia ahí.

2.- Que si "síntesis" entre Averroes y Avicena es lo que hace Alberto. Que qué significa síntesis. Que no está mezclando dos teorías. ¡Eso no se puede! Eso fue lo que creyeron aquellos primeros lectores de Alberto que desesperaron, que mezclaba. Pero no mezcla nada: hace una "síntesis". ¿Al modo hegeliano, de superación? No, no... que así no se puede, de eso no se trata. Hay un desplazamiento al tratar de volver a hacer una teoría con elementos anteriores. No hay continuidad. La prueba: el término "intentio" tiene una semántica dudosa y fea. Para Alberto la "intentio" es signo, es "species". Pero ¿eso era para Avicena y Averroes? Con Averroes es fácil: donde Aristóteles dice "lógos" aparece por todos lados "intentio/ma'na". Lo que abarca, en Averroes el campo semántico de "intentio" es ligeramente diferente que en Avicena: toda impresión de carácter cognitivo en el alma. ¿Cuál es la diferencia? De pronto Avicena mete la espantosa oposición "Formae/Intentiones". Recuerden que en esa oposición las segundas llevan apellido: "non-sensatas". Hay unas sí-sentidas. Pero en Alberto, de nuevo, el campo semántico cambia (ejem... ¿ya probaste que en Averroes y Avicena son diferentes?): para Alberto las intentiones existen fuera del alma. Y además todas tienen apellido: las que están fuera del alma y que son "pedazos": figuras y colores. Las que están ya constituídas en el alma gracias a las "tools": los sensibilia communia. Las que son producto de la composición y división de la Fantasía. Y esas últimas son las que ocupan el lugar de las "non-sensatas" de Avicena. Pero son intrínsecamente diferentes. Las del persa son propiedades, mientras que las de Alberto son contenidos proposicionales. Y gracias a la solución del obispo de Colonia se explica el misterioso "non-sensatas" de Avicena. Aquí no fue el campo semántico el que cambió, sino toda la teoría... cambió para dar sentido a las mismas palabras... ¿Cómo explicar eso?


¿Cómo acabar esto antes de la víspera?

La Víspera...

Las vísperas me suenan a avispero. Avispero es el que tengo en la boca del estómago. Todo por no masticar bien los textos...

Sponge in progress

22 diciembre 2011

Casandra (cuentito de hoy)


La idea es de la película
La vida de los otros
(Das Leben der Anderen)


Había pasado tanto tiempo que, de hecho, ya lo había olvidado. Casi.
Fue un poco después de la guerra. Pasó varios años de su vida en aquél sótano transcribiendo de conversaciones. Al principio era emocionante. Su espíritu voyeurista creyó haber encontrado la profesión ideal. Pero poco a poco aquello se tornó aburrido. Tenía que redactar informes donde caracterizara a los sujetos espiados. La gran mayoría eran gentes bastante comunes, con preocupaciones demasiado cotidianas, gente que se sabía escuchada y que era demasiado prudente.

Para pasar las horas de tedio tuvo que inventar estrategias. Interesarse por sus sosas vidas y sus sosas cotidianidades. Así, sin darse cuenta, aquello se volverion retazos de novelas. Algunas buenas, otras malas, otras inverosímiles, otras apasionantes. Tomaba partido por los amantes que ocultaban su amor prohibido. Empatizaba con el violinista y sus sufridos intentos por sacar adelante aquella horrible pieza. Comenzó a redactar los informes como malas radionovelas. Al menos así se divertía y nada le pasaba por alto.

Pero pasó el tiempo y aquello acabó. Uno de sus hijos se la llevó a Estados Unidos y ahí consiguió trabajo de portera en un gran edificio. Ahí conoció a un paisano suyo sumamente interesante. Ambos tardaron en darse cuenta de que eran paisanos y de la misma generación. Aquello hizo que surgiera inmediatamente la simpatía y, poco después, la amistad.

Pronto se encariñó con sus modos amables y afables. Él le preguntaba por el dolor de sus caderas y la salud de su hijo, y ella por por los pequeños nietos y el humor de su joven mujer, una rubia que sonreía un poco a fuerzas, con la que recién se había casado.

Pero ocurrió un día que, atando cabos, lo reconoció. Nunca lo había visto: simplemente había escuchado su vida en la transcripción de las cintas que tantos años analizó.

Y fue entonces que aquella bonita amistad se volvió un infierno para ella. Poco a poco fue desgranándole su vida: una historia donde había muchos cabos sueltos, muchos sucesos que no podía comprender a cabalidad. Todo aquello, aseguraba él, se había ido a la tumba con su primera mujer, la de los ojos pardos y redondos. Y ella se dio cuenta que tenía todas las respuestas... pero que no podía dárselas. Tuvo, más de una vez, que amarrarse la lengua para no explicarle el verdadero origen de los resentimientos de su mujer. Más duro fue evitar abrir la boca para aligerarle una honda culpa que, ella sabía, no era para tanto.

Él llevaba, a veces, una honda tristeza. Y ella tenía que fingir una enorme sorpresa a cada confesión terrible, o incluso fingir mala memoria, pues no estaba segura de qué ya le había contado él... o debía refrenar la tentación de corregirle los olvidos.

"¿Qué pensarían de nosotros esos que nos oían?" dijo él al aire alguna vez sin esperar respuesta. Ella lo miró y le tocó el brazo. Sonrió y él le devolvió la sonrisa para después subir a su apartamento. Y ella se quedó con la respuesta atorada entre la garganta y el corazón...

21 diciembre 2011

¡Comunista!

María Conchita Alonso se pelea con Sean Penn. Ella le grita ¡comunista! y le echa en cara que sus papás estaban en la lista negra de Hollywood. Él le grita cerda. La versión es la de Ma. Conchita, así que ni siquiera sabemos cuáles fueron todos los improperios que se echaron en cara uno a otro. La cosa comenzó, parece, porque Penn apoya a Chávez. Un lío.

Para "nosotros" (¿quiénes?) gran parte de quienes estaban en tal lista, incluído Chaplin, son nuestros héroes. Más si somos latinoamericanos que jamás han vivido en un país comunista. Más si tenemos amigos cuyos padres salieron exiliados por... comunistas.

Pero, visto desde otro punto de vista, ser comunista es muy fácil cuando no se vive o ha vivido en un país comunista. Porque justo lo que admiramos de Chaplin o los papás de nuestros amigos es habérsele enfrentado al poder. Pero cuando uno comienza a leer las historias de la NKVD o de la Stasi se da cuenta de la semántica invertida de... comunista.

Desde hace algunos años tomé la determinación de no opinar demasiado sobre esos temas. ¿Quién mejor que un cubano, que ha vivido en Cuba, para tener la mejor de las opiniones sobre el comunismo? Sólo los venezolanos saben qué significa vivir bajo el gobierno de Chávez: los que están en contra tendrán sus razones, y los que están a favor también. El criterio con el que los latinoamericanos que no hemos vivido el comunismo evaluamos las bondades o maldades de éste son proporcionales a los criterios que tenían los habitantes europeos de los países comunistas para evaluar las bondades o maldades del capitalismo: por carencia y criterios negativos.

Sin embargo, en el fondo, no puedo evitar la última opinión. Cuba es el único país de América Latina donde no hay desnutrición infantil. Pero ¿cómo puede valorar eso justo quien no la conoce? O quizás sí lo valoran, y por eso sólo los cubanos son quienes pueden tener la mejor decisión de lo que se habrá de hacer cuando algo se pueda hacer en Cuba.

Pero más, todavía más en el fondo, me queda claro que ser comunista siendo Sean Penn es muy fácil, pues el querido Silvio Rodríguez, fiel al régimen pero también hacedor de ininteligibles pero poéticas canciones, dio un certero juicio en una de sus pocas canciones legibles:



"Que fácil es protestar por la bomba que cayó
a mil kilómetros del ropero y del refrigerador
que fácil es escribir algo que invite a la acción
contra tiranos, contra asesinos
contra la cruz o el poder divino
siempre al alcance de la vidriera y el comedor."

¡Que se trague sus insultos Sean Penn y se los meta por donde mejor le quepan!

Acá la canción de Silvio:


20 diciembre 2011

Las cuitas de la no tan joven esponja

No es que no pudiera caminar. O que tuviera algún impedimento externo. Era simplemente que, como se queja el quejumbroso Werther, al alcanzar los hermosos cerros azules, siempre encontraba las mismas piedras, las mismas yerbas, los mismos helechos del borde del camino. No había nada más maravilloso.
Pero su imaginación, últimamente se iba pareciendo cada vez más a los bordes del camino. Cuantimás por su falta de experiencias. Solía imaginar sus fantasías e incluso las escenas de sus cuentos sobre fondos absolutamente negros, como teatros minimalistas. Y últimamente se relacionaba con tan poca gente, que sus personajes se volvían variaciones sobre el mismo tema-hombre-persona-compañero o profesor. Y de menos cuando la gente era alejada y ajena era más fácil imaginar sobre ellos. Pero sobre los amigos no se puede hacer eso, ni sobre los parientes, ni sobre los profesores cuando ya son viejos conocidos. Entre más se conoce a alguien menos fantasías se pueden armar en la cabeza.

Estaba seca.

La cabeza estaba seca. Y sería la edad o la hormona, pero la literatura ya nada más le provocaba ganas de salir. Ya no se trataba de entrar a los libros sino de salir al mundo. ¡Sí, sí! El Palacio de Bellas Artes debería ser suficiente para imaginar diez mil cuentos. Pero ya se habían agotado todos. Ya se había llegado a ese momento en el cual todo era tan familiar que la imaginación andaba papaloteando en tonterías repetitivas y sosas. Estaba aburrida.

Si tan sólo el mundo real no fuera tan espantoso.

Pero abundaba en espanto.

Le gustaría entrar a los libros. Ir y platicar con los personajes. Que la invitaran a sus aventuras. Pero por más intenso que sea un libro, no huele a fermonas ni se pone colorado, ni le dice a una cosas como para que se calienten las mejillas. Sin mundo de afuera, adentro todo se va secando. Así de fácil. Y no vale leer a Pessoa. Los libros son mapas de la vida, no vidas. Los libros son espejos. Y los espejos reflejan sólo la luz. No tienen volúmenes ni olores, ni la temperatura de una mano temblorosa.

Y uno está a punto de invocar a Mefistófeles, quizás sólo por la emoción de sentir el calorcito de las llamas infernales de las que nos protege el pentágono. Y luego ¿qué tal si uno yerra y dibuja otra figura? Acaso un heptágono regular y perfecto, imposible pero pensable cual objeto de Meinong...

No vaya a ser que leer alemanes esté causando estragos. No vaya a ser que leerlos en castellano sea la causa de la tragedia. No vaya a ser que...

Esponja

19 diciembre 2011

Notitas de hoy

1.- Después de escribir la pequeña autobiografía de ayer, caí en la cuenta de la razón por la cuál se inició todo este periplo medieval: la filosofía de la mente (¡ok! eso ya lo sabía yo desde hace muchos posts... pero en estos momentos de tribulación no hace daño hacer recuentos otra vez).

2.- Cada vez me convenzo más de que Alberto traía a Averroes más metido entre ceja y ceja que a Avicena. O ¿cómo decirlo? La estimativa era una facultad muy incómoda: lleva a cabo un juicio y a la vez percibe uno de los elementos que va a poner en el juicio y sobre los cuales va a juzgar: las intentiones non sensatas. Pero la composición y división la lleva a cabo la imaginativa (la compositive imagination, traducción de Klubertanz, no de Black... btw: nótese que con esta traducción e -ivus es desplazado al adjetivo: ¡tramposos! ¡ja!). Entonces, si la imaginativa es la que trae de acá para allá formae e intentiones ¿en qué consiste el juicio de la estimativa? ¿tenía razón Averroes y de plano no había necesidad de agregarla? Total: si la memoria es la que anda acarreando las intentiones desde ¿desde donde? ¿desde el Intelecto? ¡Ok! Por eso Avicena: eran necesarias la intentiones non sensatas en los animalitos. Pero ¿de dónde venían? ¿de las sustancias celestes que no cesan? ¿eran una especie de lektás como ocurre en el caso del perro que teme a la piedra?
Lo que hace Alberto es unificar las funciones de la imaginativa y la aestimativa de Avicena; pero además le agrega la función que Averroes pone en el Intelecto: affirmatio vel negatio. Pero resta un problema ¿y de dónde vienen las intentiones NON-SENSATAS? ¡elicere! son extraídas de la composición o división... pero si es así, no son simples "conceptos", sino el contenido proposicional: el producto de juicio.
Alberto es un genio.

3.- Pos que tengo una nueva novela de baño (llámesele así a los libros que están en dicho lugar para pasar los minutos que la colitis me aleja de la máquina). Y ahí descubrí que no soy la única ligeramente impresionada por los ojos castaños animados con algunas chispas verdes. Claro: Uwe halló el modo de describirlos... ¿de ese color serán sus ojos, o nomás es que estaba rodeados de ellos? Se le antojaron para ponérselos a su protagonista, Christian. Y yo nomás sigo sorprendida: tantos siglos, tantos mundos, tanto espacio, y coincidir... (¡ok! por eso se me ocurrió el cuento de Dresde... pero sospecho que cuando acabe de leer la novelota (+ 800 pp.) ya no me van a quedar ganas de seguir escribiendo mi cuentito. Tengo que ir a Dresde algún día.

4.- Afuera hay muchos adentros...

Decía mi mamá cuando le contaba cómo la mamá de un amigo no lo dejaba que se quedaran a solas su novia y él en casa, por miedo a que ocurriera lo que tenía (y temía) que ocurrir.

...adentro hay muchos afueras:

Pensaba yo al abandonar FB para tranquilidad de un corazón muerto de inseguridades y miedos, a cuyo ojo omnividente se le sigue negando el escrutinio del corazón de su amado.

5.- Sigo con la tesis...

Ciaito mua mua...


18 diciembre 2011

Breve autobiografía: de Siger a Averroes

1.- El primer trabajo que le entregué a mi asesor –mucho antes de que lo fuera–, lo hice, si no mal me acuerdo, en un mes o mes y medio. Claro: todo el semestre leí los textos... ejem... pero omití la bibliografía secundaria... ¿para qué la había "colgado" en la página? ¿de adorno? me preguntaba amargamente cuando, a marchas forzadas, leía por primera vez un texto francés en mi vida.
El método no era lo mío. El método no es lo mío. Pero la empresa era sumamente sencilla: demostrar que había una contradicción en Siger de Bravante. Era una sola idea, explicada perfectamente por Dales. Ahora que lo veo a la distancia, era franca y verdaderamente una empresa sencillísima. En eso consistía todo mi genio: encontrar un gozne en algún lado. Y eso me advenía por iluminación, en la forma de una fortísima intuición. Así de sencillo. Además leía un poquitín de latín, y todavía me sentía invencible...

2.- Pero ocurrió que esta tesis implicaba muuuuchas cosas: leer un texto en latín sin el apoyo de la traducción a alguna lengua que fuera capaz de leer (¿inglés? ¿español? ¿párenle de contar?). Leer unos pasajes de Siger de Bravante teniendo a Daniel a un telefonazo de distancia no se comparaba a echarme el Liber de Anima de Avicena en latín, con Daniel viviendo conmigo y hasta la madre de que cada 10 minutos lo interrumpiera. Y no había aún Google Translator con "latin" como opción (y no tenía internet en casa.. ¡!). Además había que aprender un tema novísimo y muy emocionante pero del que no sabía un pito "Intencionalidad", Searle, Dennett, regresar a bolitas y palitos uno de filosofía del lenguaje después de haber pasado los últimos tres años aprendiendo griego y... ¿latín?... eso.
Me tardé casi 6 meses en vencer el latín de Avicena.
Comencé por Avicena porque la "dirección asesoril" marcaba hacia allá. Tampoco jamás había hecho un proyecto de nada (todavía recuerdo con cierta amargura cómo el Demiurgo, mi primer asesor de la maestría y que había sido sinodal de mi tesis de Agustín, me explicó lo pésima y malísima que había sido... "te di el voto porque tenía cierta estructura" y lo dijo como tratando de justificar ¡por qué me había dado el voto!). Nunca había antes hecho un proyecto de nada, y ahora íbamos contra el tiempo por el asunto de cambio de asesor. Resultado: me quise dejar dirigir... en un sentido más fuerte del que debía ser. Si el asesor decía "Avicena", esponjita se metía a Avicena...
Pero...
Pero le entré con semejante enjundia a Avicena porque me costó más de seis meses superar el LATÍN... La única manera que encontré para vencerlo fue traducir. Y fue porque "blofié": les dije en aquella épica clase sobre "Intencionalidad en la Edad Media" que ya había traducido el texto... pero al decirlo me equivoqué: había traducido la última sección del Libro I... no el Libro IV, que era el que interesaba... Y en ultrachinguísima, sin dormir y comenzando mi espantosa adicción al cigarro (cajetillas 2 diarias para mantenerme despierta), traduje el libro 1, la mitad del 2, y el 4. Pero, para colmo me encontré con un artículo de la Apis Nigra que no era el mismo que me había recomendado el asesor: Wahm. Y entonces la crítica de Hasse cobró toooodo el sentido del mundo... y para colmo di con el finlandés Kaukua... y me quedé enredada en el asunto del estatus ontológico de las intentiones non sensatas. Y al final J. M. me pasó el artículo del Contenido cognitivo de la percepción... y yo no estaba en absoluto de acuerdo con la lectura que ahí L. X. tenía de Avicena... Así que todo aquél semestre (¿mi 3er semestre?) consistió en pelarme con la Apis Nigra, Hasse, Kaukua y L. X.-J. M. que, en realidad era la lectura (me parece todavía) que sostenía el mismísimo asesor... Un año se me fue en eso. Un año entero.

3.- Pero ¿qué creen? El ¿plan original? ¡Sí! el plan original involucraba a Aristóteles, Nemesio de Emesa, Averroes, De Homine de Alberto Magno, De Anima de Alberto Magno y De Animalibus de Alberto Magno. Y después de mi presentación desastrosa antes los Estudiantes Asociados, la pregunta me la hizo el asesor: "¿Vamos a seguir con Alberto? ¿sí? ¿o se queda la tesis en Avicena?"
¿Por qué no fui sensata y dije: ¡Presento la traducción del Liber de Anima y mi discusión con Black—Hasse—Kaukua—L-F—JAT!? ¿Por qué, en un momento crucial de dubitación dije: "¡Seguimos con Alberto!"?
Quizás por la misma estúpida razón por la que decidí estudiar Letras Clásicas y aprender griego y latín en pos de san Agustín y Plotino. Quizás fue porque descubrí lo poco que sabía. Quizás porque se me hizo muy poca cosa respecto del problema original. Pero sobre todo porque todavía no entendía un pito de qué tenía que ver eso con la intencionalidad. Y porque yo agarré mis chivas y me cambié de asesor, de proyecto, de idioma y demás etcéteras porque yo quería entender ese asunto de la intencionalidad...

4.- Pero me salté a Averroes. Me agarró la desesperación. Alberto resultó no sólo un latín diferente y mucho más complicado que el de Avicena (bueno: ese era mi primer latín), sino porque la manera de escribir en Quaestiones de Alberto nada tiene que ver con la prístina y clarísima estructura de Tomás en la Summa Theologica. Porque Alberto citaba chorrocientos mil autores diferentes, los hacía mescolanza variadísima y... y porque simplemente era... pues... ¡Alberto!. Alberto: aquél acusado de hacer revolutras y mescolanzas entre chorrocientasmil fuentes. Yo ya sabía que no era así: pero me quedó muy claro por qué todo mundo lo suponía...

Y me salté a Averroes.

Mientras tanto en los seminarios de Demiurgo yo continuaba con Aristóteles, Nemesio y una probadita de Galeno. Faltaba Averroes. Faltaba el De anima de Alberto por no contar el De Animalibus: la meta.

Faltaba Averroes.

Y me entró una tremenda desesperación ¡¡¡Para qué carajos una reconstrucción histórica!!! ¡¡Para qué!!! ¡¡Era una puñetera tesis de maestría sobre Alberto Magno!!!

Me salté a Averroes.

Y entré a trabajar

Y me robaron al novio y el carro me dejó (pero, a diferencia del novio, el carro estaba asegurado, y de eso viví el último año).

Y me quedé sin trabajo.

Pero sobre todo, de pronto, la empresa se me presentó como insalvable... Si Avicena había sido tan, pero tan difícil... y el De homine Alberto estaba resultando tan, pero tan, pero tan difícil, y en el IIFs ya no daba el ancho, y mis alumnos de Acatlán había plagiado (más de la mitad) el trabajo final, y el novio ya era exnovio y estaba estrenando novia en mis narices, y... ¿iba a poder que lo que faltaba aún? ¿me quedarían fuerzas?

Y me salté a Averroes.

Pero se atravesó la psiquiatra y Nuchelmas (recuerdo mucho cómo salía de su consultorio en Cerro del Agua y me iba caminando al Starbucks de M. A. de Quevedo para meterme a leer a Nuchelmans.

Y después de dos años, ese gozne del que les hablaba arriba, apareció. La idea, la intuición. Pero no, esta no era una cosa tan sencilla, un chispazo que se pudiera resolver en 13 cuartillas. Era una maldita intuición que necesitaba aprender todavía muchas cosas básicas de filosofía: ¿filosofía del lenguaje?...
Ahí estaba la intución: la de Alberto, el hilo conductor de la tesis. Pero era una intución hecha de miles y miles de nudos, no de cinco o seis como el trabajo de Siger, ni de cincuenta como el de Avicena. Estos era muchísimos más.

A desatar... Y yo quería ir al curso sobre Filosofía de la Mente en la UAM-I. Y no podía llegar con las manos vacías. y surgió el famoso "capítulo II" (de nuevo: un poco de bloff, las prisas por tener cara con qué presentarme para leer a Brentano, Dennett y Searle... con mi asesor).

Pero mi velocidad de trabajo ya no era la que antes. La mitad del tiempo era pelearme con el incipiente alcoholismo por Daniel, los medicamentos para no acabar llena de moretones después de pelearme con Daniel, y el pánico que me dio que, sin que yo me lo esperara, me dieran en el IIFs un espaldarazo... y el Demiurgo en los Unites, lejos, lejos, lejos... y yo asustada... asustadísima... y en eso se atraviesa el Aquinas...

5.- El Aquinas. De ahí salió la "otra mitad" del famoso "Capítulo II". Bermúdez y sus broncas contra McDowell quedaron, para mi autodecepción, fuera de la tesis. También el De anima y el De animalibus de Alberto. Pero aún faltaba el... el... pues si ya había un II... pues el I. De visu, los espejos animados, la otra mitad de la intuición que había que desanudar...

y es que me había saltado a Averroes.

6.- Averroes. Desde mediados de noviembre al día de hoy.

Iudicare autem quod ista intentio est isitius ymaginati est in homine in intellectu, quia iudicat in eo secundum affirmationem et negationem (Averroes, De memoria, 195va 60-63; p. 52, ed. Shields)

Me lo acabo de encontrar hace dos horas, no en el De memoria, sino en Klubertanz. Y me lo encontré junto con la necedad sorabjiana de Klubertanz de interpretar "spiritualis" como espiritual en el sentido Theolgico del que Alberto tanto advierte... y me lo encontré y recordé, con pasmosa claridad la diferencia fundamental entre Galeno y Nemesio gracias a Julius Rocca. Y no en balde tomé aquél extrarodinario curso sobre la mixtura en los estoicos...

Al fin todas las piezas encajaron... todas, todas, todas.

¡¡¡¡Y PUTA MADRE TODAVÍA FALTA!!!!

pero ya solo falta un artículo de Black, acabar con Klubertanz, De memoria de Averroes (ya pasamos por De anima y De sensu) y... y sólo si alcanza el tiempo y las energías el artículo en alemán sobre "Intentio" en Averroes...


7.- Cuando entendí que la "depresión" nada tenía que ver con Daniel sino con el pavor que me provocó la magnitud del proyecto... bueno, de menos dejé de mentarle la madre a Daniel y pude, al fin, dar el siguiente pasito de esta historia.


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8.- Este post se llamaba "buche lleno de piedritas" porque venía a quejarme de Daniel y su novia. Pero ya no, no vale la pena. Total, ya tengo mis polvos pica pica...

17 diciembre 2011

ojo



[Aquí iba un cuento, cuyos personajes eran un montón de pares de ojos. Estaba la descripción de unos ojos medio verdosos y otros medio cafés.
Los otros personajes eran unos ojos decidida y esmeraldinamente verdes y otros color absolutamente chocolate. Y ese par de pares intercambiaban impresiones sobre los íntimos secretos que los dueños de aquellas altísimas ventanas eran incapaces de esconder... secretos inútiles, de todas maners, porque no revelan nada sobre el pasado ni el futuro, y sólo daban imágenes a las fantasías que componían y dividían ad libitum]

Ahí iba un cuento, pero tengo que contar otro, sobre cómo los colores entran por las ventanas del alma, no de cómo las ventanas se vuelven rendijas para espiar la ajena...


Lichtgestalt


Es la versión subtitulada porque la otra tenía un audio medio feo...

Digo, es que los colores son espíritus de la luz...

Esponjas redactantes.


15 diciembre 2011

Where is your broken heart, my little girl?
Where did you put it?

I got lost...

But it doesn't matter.
The yellow way is again in front of your eyes...
Please, pay attention...

Is your last chance...

Where is your broken heart, my little girl?

I don't know. But I have got another one.
And this time it is not made of glass...
It is just a mirror, but is not made of glass.

(And this time, little girl, don't forget to wear your ruby slippers)

*****

La guerra nos pisa los talones. Hay que proteger lo valioso. A Alberto también.
(Se nos avecina una edad oscura. Hay, hermanos de la orden albertiana de Leibowitz, que protegerlo todo. Con la vida si es preciso)

14 diciembre 2011

die Flamme aus dem Schenkeleck...




No quiero sino la llama rosa
que sube directamente al cielo
río intangible y fuego ardiente
que emerge del ángulo secreto.



13 diciembre 2011

De la belleza



"Como has visto la entrada es bien segura;
sobre la salida caben muchas dudas".
De la biografía de Avicena,
(vía Fco. O'Reilly)



No os dejéis engañar pos las suaves palabras del filósofo. No es verdad que la belleza encarnada en un cuerpo refleje otra más alta, encumbrada en la verdad de la que todo proviene, y hacia la que toda va.

La belleza es simplísima, no tiene doblez ni otra cara que la única que muestra. Es única y unidimensional. Y su esencia más profunda es atraer a las palomillas hacia la luz para que se consuman en su pulcra y tímida llama.

Si os incendiáis a distancia a causa de esa belleza, cual estoico consejo, digo: disfrutad la conflagración de la que sois presa. Sí, lo sé, es parvo el consejo, porque siempre hay algo que no se quema y, por ello, arde.

No os dejéis engañar por las suaves palabras del filósofo. La belleza es burda, es carne, es emergente propiedad de la correcta disposición de los miembros. Del color verde de los ojos, de las líneas rectas y angulares que van desde las sienes hasta la barbilla. De tiempo que pasa y os ha regalado la visión de la belleza en el momento justo en que brillaba con intensidad más cegadora.

Porque la belleza ciega.

Era demasiado, demasiada luz, demasiado calor, demasiado todo.

Pero pasa el tiempo y todo se lo lleva. Y por eso se os ha concedido la memoria. Para hundirse dentro de ella de vez en cuando, como si fueran tíbias arenas movedizas, y para que os dejéis caer muy adentro de su calor, como si fuera un útero tibio del cual fuisteis expulsado alguna vez.

Queda la tarde de las jacarandas rebosantes, de la luz oblicua que caía sobre la rectísima nariz y dos rulos sobre las orejas.

Recojo mis fragmentos, uno por uno, y hago el recuento de los daños. La entrada es una, segura y simplísima. Busco el hilo mágico de Ariadna. O de menos la daga con que habré de dar cuenta del Minotauro: la belleza... la belleza...

(y todo eran procellae de humores y espíritus carnales, ardientes, entre el pecho y el vientre... y la imaginación)

12 diciembre 2011

¿De qué se trata la tesis?


Esponjita está sentada frente al loquero.
Ella le cuenta el sueño que tuvo. Espera, ansiosa, que él lo interprete así como Freud se avienta a interpretarle a psique a Leonardo Da Vinci. Pero el loquero le pregunta simplemente ¿y eso cómo te hizo sentir?

Esponjita se va furiosa. Ella quería que él, como si de un lector del Tarot se tratara, le explicara qué es lo que ella siente. Que la leyera ¡vamos!, que la escudriñara, la interpertara, que el trabajo lo hiciera él (¿no es para eso que le pago? ¡Que me diagnostique y me dé medicina!)

Esponjita pasa días enteros en cama. De pronto una angustia se le atraviesa por el vientre y se levanta, con los ojos anegados en lágrimas, queriendo hacer todo lo que no hizo en los días del sopor. Así va, de una semana a la que entra. Así. El loquero ya la ha mandado dos veces al psiquiatra. Pero no hay dinero para pagar, además un psiquiatra. En una de esas, el loquero le pregunta ¿por qué quieres que otro te resuelva los problemas? ¿no deberías tratar de resolverlos tú sola?

Encono

Ira

Frustración

Esponjita lo manda definitivamente al carajo. Para empezar, ella no paga al loquero. Bueno –piensa con el resabio de cierta venganza– ¿tengo que empezar a resolver mis problemas yo sola? ¡hagámoslo! Si no tengo dinero para pagarte, oh sabio loquero, se acabó este lujo. Se acabó. Y Esponjita huye, lejos, del reflejo más terrorífico que le han echado en cara.

*****

Esponjita quisiera citar al asesor y preguntarle simplemente ¿de qué trata mi tesis? Quisiera que él, como si de un libro se tratase, la leyera y se lo contestara. En el fondo –no tan en el fondo como ella hubiese querido– quisiera que el asesor le hubiera entregado el proyecto con las lecturas y el orden de los capítulos. Pero no. Ella sabe que la única respuesta que encontrará será: "Pues dime tú: ¿de qué se trata tu tesis?"

El asesor es una brújula. De muy buena calidad. De finísimas agujas. ¿Qué más podía pedir?
Pero pido demasiado. Las brújulas te dicen hacia donde ir... cuando lo sabes. Ese es el problema. Ni el mejor GPS puede resolver el problema más fundamental de todos: el destino. Te saben hacer llegar siempre y cuando sepas a dónde vas.

Ése es el problema de Esponjita. El que tiene que resolver ella sola. Nadie puede venir a solucionárselo. Nadie le puede decir hacía dónde va. Ése es el problema que la aterra y la hace mantenerse dentro de las cobijas días y noches, y noches y días. ¿A dónde?

Esponjita no sabía nada ni de medievales ni de intencionalidad... ni siquiera sabía suficiente latín. Ya, ya aprendió latín. Ya, ya leyó a Searle y a Brentano. Ya, ya leyó a Avicena y a Alberto. Ya, ya leyó a Nuchelmans y a Eco. Ya, está leyendo a Averroes. Ahora la pregunta es: ¿a dónde con todo esto? ¿todos estos son escalones hacia dónde?

Esponjita hace de tripas corazón... trata de hacer una bitácora. Trata de averiguar cuál es el destino al que todo esto la lleva.

Es una tormenta en un vaso de agua... procellae...

10 diciembre 2011

Clásico cuento de él y ella.


Querido Santaclós:

He pasado varias horas en el restirador diseñando al hombre de mis sueños. He borrado mucho y vuelto a dibujar. Por mi cabeza han pasado muchas imágenes, figuras y demás cosas. En realidad, me di cuenta, no es que espere a alguno en particular. O bueno, sí hay uno, uno muy específico, al que quiero. Pero ese es un hombre imposible (bueno, son tres, ¡para qué mentirte!).

Pero a la hora de ponerme a diseñar al hombre de mis sueños, me dio flojera hacer, de los tres, uno. Saldría un esperpento, obviamente. Y si no es alguno de los reales, ¡vamos Santa! pues no vale la pena. Mejor me lo imagino y lo creo.

1.80 como mínimo. Bueno, más menos un centímetro, para que veas que soy flexible. Y... y que sea peludo. Ya no más lampiños en mi vida, Santa. Que sepa manejar, y que sepa andar en bicicleta. Que sepa jugar basquetball.

No, no importa que no sepa hacer avioncitos de madera de balsa. Para eso mis hijos tendrán a su abuelo, y se los llevará al parque a volarlos, hasta que se atoren hasta arriba de un arbolito chaparro. Y escalarán y lo salvarán. Pero eso será cuando visiten al abuelo.

Yo quiero que mi hombre ideal me pueda cargar. Por eso tiene que ser un fortachón, porque peso mucho y quiero sentirme girita girita en sus brazos. Y que sea pelirrojo (bueno, eso es opcional).

Que le guste mirarme, eso sí. Y que le guste ser mirado. Y que nos guste mirarnos. Y que todo sea pura mirada y mirada. Y que se deje seducir con mi mirada. Y que su mirada me sostenga en momentos de tribulación. Y que mi mirada sea muy fortachona, para sostenerlo.

Y que camine conmigo de la mano por las aceras y los parques. Y que nos sentemos en las bancas y que ponga mi cabeza en su pecho, y me acaricie el pelo mientras escucho como late su corazón. Y que tengamos nuestro cuento de "Él y Ella". Uno más o menos así:


Y le dijo ella "Entonces ¿qué propones?"
Y él la miró e hizo un ademán como de tocarle el talle... pero no se atrevió.
Ella le sostuvo la pregunta con la mirada. Él hizo un ademán como de acariciarle el pelo, pero no se atrevió de nuevo. Entonces ella bajó la mirada. Estaba a punto de irse, cuando él le tocó el hombro, y le dijo:
—No, no puedo ofrecerte nada. O sí, podría, pero no aceptarías.
Entonces ella, con las mejillas encendidas le dijo: "propón"
Entonces él, por fin, le tocó el talle, primero tímidamente, y después la asió hacia él. Y le besó la frente...


Esponjita que no se puede concentrar...

07 diciembre 2011

La petaquita


Pero algún día, abro la petaquita, la veo vacía...

Bueno, ya vine.
Esa canción me la aprendí oyéndosela a mi mamá. Pura tradición oral.
Y realmente debí de estar muy, pero muy chiquita, porque todavía recuerdo con pasmosa claridad las imágenes que venían a mi mente al oír la letra. Me imaginaba a los hombres, todos, con sombreros de fieltro negro y con enorme letrero de papel que decía "casarme quiero", y las mujeres con una cartulina colgando con alfileres de faldas de flores (¿por qué de flores?) que decían "quiero marido". Sí... como cuatro años o menos....
También me sorprendía la imagen de abrir la "petaquilla" y verla vacía después de haber depositado ahí cosas. ¿Cómo serían las penas? quien sabe, pero si las había puesto alguien ahí, es porque eran algo... y ¿dónde estaban? Era una petaquilla mágica.

Y no, no estoy confundiendo los diminutivos. Mi mamá decía "petaquilla". O si cantaba "petaquita" mis orejas oían petaquilla. A mi cabeza no venía una petaca pequeña, sino esos raros muebles que tenía mi abuelita en su recámara: dos especies de baúles o cajas, como de 70x 100 x 70 cm. Una forrada con papel adherible azul y la otra con uno beige de rayas blancas. Y ahí adentro guardaba la bufanda de mi abuelito, y una revista de modas d 1903, que, creo, le heredó a la Tía Otilia. Así que, suponía yo, las penas y pesares eran algo así como recuerdos.
Vagamente creo recordar haber preguntado porque tengo la imagen de un montón de mariposas saliendo de ahí: otra metáfora que, a los cuatro años, me tomé muy literal... pero no recuerdo la metáfora sino la imagen:

Las penas y pesares entraban como gusanos y huían como mariposas...

(y me acordé del cuarto de las mariposas, pero esa historia se las cuento otro día)

Averroes


El individuo.

Eso es lo que perciben los sentidos interiores humanos, según el cordobés.

Pero no dice cómo.

Y entonces ahí entra mi amado obispo germano. El gran Alberto. 'sensibilia communia sunt instrumenta'. De ahí a los espejos, de ahí a la fantasía y sus contenidos proposicionales.

Un día más, y comenzamos la redacción. Será en chinga: ya todo está armando, sólo falta crear la red textual en la que embonará todo (y esa es la única habilidad que tengo: argumentar y redactar en ultrachinguísima-velocidad de la luz)

Paciencia, príncipe de albísima sangre, paciencia. Ya no quiero sonrojar tus albísimas mejillas.

Esponja, la alumna problema.

04 diciembre 2011

Velas y Libros

Peña nieto confundió el título de un libro de Carlos Fuentes con uno de Krauze. Dice atinadamente Tormentas: "Genial: ahora no votarán por Peña Nieto los que no iban a votar por Peña Nieto". No me queda todavía muy clara la relación entre el amor por los libros y el rechazo al PRI. De hecho, cualquiera que tenga que pasar cotidianamente entre el Estado de México y el Distrito Federal podrá contar una miríada de razones para no votar por el PRI emanado del Edo. de México.

Pero no vengo a quejarme del PRI. Más bien lo que me llamó la atención, en todo caso, fue la intuición de Tormentas de que la gente que acostumbra leer no votaría por el PRI. Y eso me llevó a pensar si Tormentas relacionará el nivel de lectura de este país con su nivel educativo; y a su vez, el nivel educativo con el nivel económico. Ciertamente no es condición suficiente poseer cierto nivel económico para poseer nivel educativo, pero ¿es necesario?

Repaso un poco mi historia familiar. Mis abuelos, paternos y maternos, provienen de familias muy empobrecidas, y mis dos padres vivieron en una situación económica que, podríamos decir, lindaba siempre entre la pobreza y la clase media. Pero mis abuelos tuvieron siempre muy claro que sus hijos tenían que ir a la universidad. ¿Por razones de movilidad social? Quizás el caso de mis abuelos paternos podría apuntar hacia allá: mi abuelo trabajaba en la Compañía de Luz y Fuerza y quería que al menos uno de sus tres hijos fuera Ingeniero Eléctrico.

Pero el caso de mis abuelos maternos es diferente. Mi abuelo nació en 1903 y estudió solo la primaria, pero parecía ser que para tener una vida exitosa no se necesitaba mucho más. Mi abuelo trabajó muchos años en el "otro lado", pues era oriundo de Ciudad Juárez, Chihuahua, y pasar al Otro Lado a trabajar y educarse era muy natural en aquellos años. Mientras trabajaba con unos vidrieros italianos (de ahí la familiar frase "parla e parla e non labora!"), entró a estudiar pintura y hacía gimnasia en la YMCA. Lo malo fue que les cayó encima la gran depresión del 29, y por algo que mi mamá aún no averigua si fue una trampa mal intencionada de su familia política, o un vil mal entendido, mi abuelo creyó que podía regresar a trabajar a EU. Pero no, lo encarcelaron y, durante ese año, murió su mamá en Ciudad Juárez. Desde entonces mi abuelo les agarró odio a los gringos, y jamás, en el resto de su vida, volvió a pisar su territorio. Lo otro que sé es que, después de casarse con mi abuelita, se dedicó a ser alfarero, y hacía otras artesanías, y de eso vivió hasta que la muerte lo sorprendió a los 63 años.

Otra es la historia de mi abuelita. La miseria (más que pobreza) que tuvo que enfrentar tuvo que ver con que se quedó huérfana a los 5 años. Entonces dejó de ser la prioridad de cualquiera. Cursó la primaria con mucho éxito (uno de sus grandes orgullos repetidos hasta la saciedad), pero ya a nadie le interesaba tener a una mujer estudiando. Eso es lo que, junto con la orfandad, la marcó de por vida. Y ahí la tienen, invirtiendo cada gramo de energía en mandar a la escuela a sus hijos.

Pero la historia que quería contarles no era esa; sino cómo contaba mi abuelita que se acababa las velas leyendo. Leer no parecía tan caro. A pesar de que en su historia no hay una biblioteca pública, lo cierto es que lograba hacerse de libros. Y cuenta cómo ella, de noche, se sorprendía al ver que un libro le había arrebatado otra vela.

Mis tíos mayores se sabían larguísimos poemas enteros de memoria. Y las pequeñas hermanitas, mi mamá y mi tía Blanca, guardaron en sus cabecitas largos poemas modernistas que, hasta la fecha, llevo en parte grabados en mi cabeza por el simple hecho de oírlas repetirlos una y otra vez.

Las casas de mi mamá y mi tía Blanca son gigantescas bibliotecas. Es imposible aburrirse ahí. Hay de todo tipo de libros, de toda las edades, de todos los tipos de papel. Eso sí, salvo la Enciclopedia Británica, todo está en castellano. Quizás es ahí donde se nota ampliamente la diferencia de origen entre un lector monóglota y uno políglota: aprender idiomas es algo que en un territorio de 21 millones de kilómetros cuadrados y 300 millones de hispanoparlantes, no es una necesidad sino un lujo de ciertas clases sociales.
Mi maestro de alemán contaba con mucha sorpresa la extraña sensación de un latinoamericano cuando descubre que "en una distancia menor que de aquí a Cuernavaca, ya se cambia de idioma".

Pero el asunto, pues, es que eso de leer no tienen nada que ver con la clase social. Proviene de otras razones, pero no tengo idea de cuáles. Mi abuelita Aurora adoraba a Juan José Arreola. No sólo porque es adorable de por sí, y porque sus cuentos lo hacen a una desternillarse de la risa, sino porque se enteró que, con sólo la primaria, él daba clases en la Universidad (algo así como la historia que cuenta Ray Bradbury en el video que les posteé el otro día). Bastan los libros, diría mi abuelita.

Es un misterio el por qué la gente lee o no lee. Es un misterio triste el por qué en México hay poca gente que lee. Es un misterio alegre y curioso el que los mexicanos tenemos gran aprecio por la poesía modernista, y que se vende tanto o más que la autoayuda.

Pero algo me queda claro: cuando veo mi pesado librero, sonrío. Tuve mucha suerte. Porque en los momentos más negros de cualquier tristeza y depresión, cuando flaquean las fuerzas y uno acaba harto de internet o la estúpida televisión, ahí están los libros llenos de historias, de viajes, de metáforas, de descubrimientos, de verdades, de ficciones, de todo. Todo el universo cabe en ellos. Y como no basta una vida para leerlos todos, tranquilos podemos estar de la infinitud de ese manantial para apacigar los corazones... primero se acabarán las velas que los libros.

Esponja librera.

PD:
Hace algunos días mi mamá me regaló "La Torre" de Uwe Tellkamp. ¿Recuerdan ustedes mi obsesión con Dresde? Pues sí, todo comenzó con ese libro. Hace casi tres años (por OBVIAS razones) buscando en Google me encontré con el reciente ganador del premio de novela alemán. Yo recién acababa de iniciar mis autodidactas estudios de alemán y andaba buscando literatura bilingüe. Entonces caí con los poemas de Bertolt Brecht. ¡Todo estúpido fan de Silvio Rodríguez se sabe aquél breve poema y conoce al autor por la canción "sueño con serpientes"! Bueno... demasiada complicada la cadena de razones. Pero caí con un libro de poemas sobre toda la culpota que sienten los alemanes con el asunto de su pasado Nazi... y luego cayó en mis manos "Pelando la Cebolla" de Günter Grass (obviamente esos libros caían primero en manos de mi madre, ávida buscadora de novedades literarias) ... y dale con la culpa. Y luego comencé a escuchar a Rammstein (porque, ya ven, la "r" alveolar los hace muy agradables a quienes aprendemos alemán) y dale, que siempre estaban metidos en problemones porque los acusaban de Nazis... total que ese asunto de la culpa empezó a hacérseme interesantísimo. Y como, leyendo reseñas, descubrí que "La Torre" narraba los últimos diez años antes de la caída del muro, supuse que algo del tema tocaría (y obvio, me daba harta curiosidad averiguar qué escribía el quasi-homónimo de ya saben quién).

Pero ¡zaz! que sólo estaba traducido al Italiano y al Inglés. Y me envalentoné y fui a la biblioteca del Instituto Goethe a sacar "Der Turm" a ver de qué se trataba. Pero los 15 días que lo tuve no pasé del primer párrafo. Y toda compungida lo devolví, casi sin abrir, a la biblioteca.
Se tardaron dos años, pero al fin lo tradujeron, editaron y vendieron en castellano. Y mi mamá, a sabiendas de mi obsesa obsesión, me lo compró. Para entonces ya me sabía yo la tristísima historia del bombardeo aliado a la Florencia del Elba, y todas las controversias históricas sobre el número de muertos y de si eso había sido terrorismo o no, y etc, etc.
Pero a estas alturas lo único que ya me interesaba era que alguien me "narrara" Dresde, y que me narrara al Elba. Pero, de nuevo, no he pasado de las primeras 10 páginas. Como ya habían advertido los reseñadores al castellano, más bien es una novela para los que habitaron Dresde en aquella época. Es medio ininteligible. Tiene demasiadas referencias que apelan a haber conocido ya la ciudad.
Y entonces ayer se me ocurrió pasearme por la Gandhi de Madero. Y vi un libro de Kapuściński que se llama "El Imperio". Y estaba barato y me alcanzó y lo compré. Y ¡oh! ¡qué cosa más maravillosa!.

Quizás la diferencia es que ese es un libro escrito por un viajero, por un reportero, para que uno entienda cómo era otra ciudad. Y leí la historia de Armenia y me puse a llorar por los armenios. Porque ahí tienen que los Armenios lo traducían todo... para el siglo VI d. C. ya había traducido a todo Aristóteles (y eso me recuerda que, entre las traducciones del Natura hominis de Nemesio de Emesa, hay una armenia). Tradujeron todo antes que a los árabes les diera esa manía, y siguieron traduciendo todo, y tradujeron a los árabes también. En la Edad Media se hicieron copistas y eran extraordinarios miniaturistas. Pero no sólo era copistas aquellos que se dedicaban a eso, sino que cualquiera que supiera leer y escribir a veces la hacía de copista. Pero, al fin un pueblo medio dado a las diásporas, (por alguna razón que sí narra Kapuściński) los libros se volvieron parte de su identidad. Y cuando salían desterrados a todos lados, consigo llevaban sus bibliotecas. Y, dice el simpático polaco, había manuscritos tan grandes y pesados que no había más remedio que partirlos: así que hay obras cuyas mitades yacen en lugares opuestos del globlo terráqueo.

Yo no me sabía esa historia extraordinaria de los armenios. Sólo sabía que los han tratado de exterminar muchas veces, aunque no sabía eue en esas historias de exterminio también han tratado de exterminar sus bibliotecas... y que en la época soviética, cuenta Kapuściński, tuvieron que desenterrar muchos libros que se conservaron gracias a aquél método de preservación.

¿Cómo no llorar por un pueblo que hizo de sus libros su vocación? En México hay una gran colonia Armenia. Después de leer a Kapuściński, me metí a averiguar sobre la colonia Armenia en México y me encontré con este artículo (píquele aquí). Y me enteré de la existencia de la famosa zapatería "El taconazo popis" y uno de sus lemas: "los zapatos más popis a los precios más hippies"... obviamente, cuenta Enrique Hamparzumián, cuando entró el calzado chino, los días de "El taconazo popis" quedaron contados.

Y, ya para acabarles de contar, pues yo muy emocionada dije "¡voy a aprender Armenio clásico! ¡no me asustan sus 7 casos!"... era emocionante, además, aprenderse su alfabeto... pero no... no... me asustó un poco el hecho de que es una lengua "satem" no "centum"... y yo ni con el inglés puedo. Eso sí, de pronto me asaltó la extraña sensación de ¡qué fácil el alemán!...

En fin. Me voy. Tengo que seguir peleándome con el latín del astrólogo Miguel Escoto.

Salud.

03 diciembre 2011

De la tesis y otros tangos






Al final me siento frente a mí misma y me pregunto ¿de qué carajos se trata la tesis? ¿Qué es lo que aparecerá, al final, ahí? ¡Es de maestría! (me recordaría el Demiurgo) ¡Es de maestría!, me diría repetidamente el asesor, pero inmediatamente sugiere Bermúdez, traducir al idioma analítico tal cosa, ¿y si caemos –pienso para mis muy inescrutables adentros– en el "error" de Black? (a estas alturas ¿quién me creo yo para andar tipificando errores en la Magna Apis Nigra?).

¿De qué se trata la tesis? Según yo, de identificar el exacto sentido del término "intentio" en Alberto Magno, cuando hablamos de los objetos de la percepción sensible. ¡De eso y no de otra cosa!

Leer, leer primero a Alberto. Ya luego descubriremos si eso tiene o no relación con las mentes bestiales que defiende Bermúdez, o con toda aquella larga historia sobre la naturaleza de la imagen que se estudió tanto en los ochentas, o si McDowell (el platónico traductor del Teeteto) tiene razón... o qué. Pero primero ¿qué son las intentiones para Alberto?

Las de Alberto son raritas: existen fuera del alma. Eso, me parece, no pasa ni con Avicena ni con Averroes. Y eso ya ha sido muy estudiado... o eso ya ha sido estudiado... o de menos hay dos autores que lo han estudiado... y uno me dirige la tesis. Ok.

Pero luego hay unas intentiones muy especiales con las que Avicena cuenta la historia de los lobos que asustan a las ovejas. Y esas, en Alberto, tampoco pasan por los sentidos exteriores, sino que las poseen directamente los interiores. Avicena no les pone ningún apellido: son unas "intentiones" cuya definición proviene de la oposición con las "formae". Pero en otro lado, a esas mismas "formae" las llama "intentiones" también. Así que, aunque no explícitamente, aquellas que asustan a la ovejita, sí tienen apellido después de todo.
Alberto, en cambio, sí les pone apellido de entrada: "intentiones veri et falsi". Esa parte de la tesis ya está: de dónde provienen y cómo explica que correspondan a la definición que da Avicena de ellas, explicando además eso que Avicena no se toma la delicadeza de explicar: su naturaleza ontológica.

La parte que ahora batallo para terminar es la de la naturaleza ontológica de las "intentiones", en general, en Alberto. ¡Existen fuera de la cosa! En los espejos (los reales, los que nos devuelven la imagen en el mundo sublunar extramental), en los mismísimos espejos ellas se reflejan en un punto indiviso, demostrando (dice Alberto) que andan ellas pululando en el mundo, sin magnitud alguna pero con la capacidad de representar la magnitud. ¡REPRESENTAN! y a eso Alberto lo llama esse intentionale. Y dice el chismoso de Sorabji que ¿ya ven? ¡ahí está la prueba! sólo el bruto materialista de Avicena no "espiritualiza" las cosas, pero el refinado filoponiano de Averroes y su lector Alberto sí lo hacen...

Y Sorabji dirá misa, pero la teoría de Alberto sobre el ser "spiritualis-formalis-intentionale" de sus "species-intentiones" es una teoría que estará llena de agujeros, pero no consiste en una "espiritualización more Sorabji"... porque, a todo esto ¿qué demonios entiende Averroes por "espiritualización"? No sé... y me da la impresión de que Alberto también se quedó con cara de What? (o de Was? o de Cur?). Lo importante, pues, no es qué entienda Averroes cuando explica los distintos grados de sutilización de los spiritus, sino la magnánima solución que le da Alberto a ello.

Los colores son propriedades emergentes de la interacción entre la luz y los cuerpos. El único agujero de la teoría de los colores consiste en explicar en virtud de qué su ser "intentional" es capaz de representar. Pero bueno: al fin, hasta llegar ahí, tiene sentido relacionar "objeto intencional" a la Brentano con "esse intentionale". La cosa, como ya les he contado hasta la saciedad (y no por ello he podido redactar una línea de la tesis) es explicar la otra parte dificultosísima: ¿en virtud de qué la species de la magnitud y la figura es capaz de representarla sin poseer ni magnitud ni figura? ¿qué estructura tiene? ¿tiene alguna? ¿de dónde le viene tal capacidad? Alberto, en el De homine, apela al hecho de que, según sus entendimientos sobre el funicionamiento de los espejos, de hecho así ocurre...

De eso, lo único que tengo redactado es lo de Toluca.

Y luego la cosa se pone interesante: lo que escribí para el Aquinas que, sea dicho de paso, requiere rearmarlo todo...

Las especies de "magnitud" y "figura", con todo y su rarísimas propiedades ontológicas, son elementos con los cuales el sentido común "juzga". Ahí es donde, según yo, Alberto se pone más aristotélico que Avicena y Averroes juntos. ¿El sentido común Juzga? ¿Sí? ¡¡¡¿cómo?!!! ahhhh!! y el maese Alberto lo explica... Y una vez hecho el juicio, la imaginación obtiene su preciosísima "species sensibilis": la que pondrá a disposición o del Intelecto, o de la Fantasía o de la Estimativa.
Y de ahí pal real: en una tradición post-abelardiana (asegún Nuchelmans) de la composición y división de las imágenes (que ya no son vulgares intentiones) surge una nueva clase de intentio: el contenido proposicional o la intentio veri et falsi.

Intentio se llaman por ser elementos capaces de representar algo distinto de sí. Son, como dice Alberto en el De anima, signos de la cosa. Y hay signos de los colores, signos de las figuras y magnitudes, signo de las cosas individuales y signos de los estados de cosas. :D

Y ahí le pararemos. Porque cuando la Estimativa entra en el juego la cosa se pone complicadísima. Sin capacidades racionales y sin conceptos universales ¿cómo podría saber la ovejita que Todo lobo es Peligroso? Pero ese ya es otro asunto... porque, para colmo, Alberto no utiliza al famoso silogismo práctico ni esas cosas (¡Gracias a Dios!) sino la teoría de la acción que platica Damasceno, y que se parece mucho a la de los señores estoiquitos, esos metiches que se mixturearon con todo lo porvenir, y lo llenaron de espíritus y lektás incorpóreos e intentiones non sensatas y... *sigh*

Esa es la tesis. Eso es de lo que se trata. Y ni modo.