10 mayo 2012

Entripado Kantegórico (¡Cuernos!)



Me están saliendo dos cuernos en la frente. Bien podría ser que fueran simplemente dos barritos que, por una excéntrica coincidencia estadística, han decidido salir simultáneos y equidistantes sobre la frente... sobre los ojos, justo en la línea donde deja de crecer el cabello. Sí, eso debe ser ¿por qué cuernos y no, en vez de eso, un par de alitas? Digamos, que se me inflamaran los omóplatos y luego poder volar... pero ¿cuernos? ¿para que quiero un par de cuernos?


Y no puede decírseme cornuda, obviamente. Cornífera, quizás. Porque no es que nadie me falte... de falta moral, no de carencia... porque sí, del otro modo pues sí, carezco. Y ante la carencia, el antojo. El inevitable antojo. Y ante el antojo, atroces culpas, porque se me antoja lo que no debiera. ¡Caray con los antojos! Vuelvo a palpar la frente: eso, eso ha de ser. Seña de mi malevolencia moral. Tengo una afección alegórico-somática.

Pienso en aquellos que, aún estando comprometidos, me han guiñado el ojo. Y yo me indigno tremendamente. ¡¿Cómo se atreven?! Pero no es un repeluz moral ni kantiano. Es otra cosa: un literal asquito surgido de las entrañas, reacción ante el patetismo del guiñador. Pero ¡ah hipócrita! me grita mi mini-mesías interior que me llama sepulcro blanqueado, "¿no andas guíñele y guíñele el ojo, tú, al ocupado?" ¡zaz! Me palpo la frente: el par de cuernitos parecen haber crecido... ¿serán de hueso nomás? ¿o irán a ser unos cuernitos de marfil? ¿tendrán dentina?  

Mientras busco una boina que caiga graciosamente sobre la frente, pienso en lo atractivo del pobre objeto de mis hostigamientos guiñiles (de guiño). Es que ¡se hace el difícil! ¡es un difícil! Claro, claro, entonces te molestan los hombres "fáciles"... no, no es eso... ¡santo cielo! ¡esponjas necias que acusáis a los varones sin razón! No... ¿a quién quiero engañar? ¿boina en plena primavera? Es como las adolescentes que llevan escandalosas mascadas en el cuello y más presumen el chupetón que ocultarlo. Pero ¿quién quiere presumir un par de cuernos? Fuera uno solo, bueno, me hermanaría con las célebres criaturas denotadas, pero... 

Me duele la cabeza. Será momento de ir pensando en llevar fleco. O hacerse bonita base y presumir novedosos chinos ¿tendrán límite de crecimiento como los dientes o serán más como cabellos duros y retorcidos? ¿cómo las uñas? ¿cuáles serán las reglas de higiene con los cuernos? ¿Y si, al final, accede? ¿perdería entonces su dificultad y se volvería un fácil? ¡¿Y si me sale cola?! Los cuernos malevolosos van acompañados de una cola... ¡de zorra! Claro... entonces sería peludita y esponjosa. O ¿será como de gato? Y al volverme iracunda de celos se azotaría de un lado al otro, y hasta las orejas se me harían para atrás y ¡zaz! ¡zarpazo! Y le dejaría marcada su hermosa frente... 

Malditos celos. Ellos, ellos son el fondo de todos los dramas y tragedias. No el saludable y natural antojo. Si no existieran, seríamos una sociedad de peace and love y amor libre y todos muy felices.  Las familias estarían fundadas en la racionalidad y la generosidad. Pero no, no. Ahí están, haciendo ruido, volviendo al otro posesión propia, mientras que uno mismo es de ojito alegre y quiere con todos.

Los celos duran más que el amor. Son una especie de pena y castigo para el mal uso de la lujuria. Pero... ¡pero es una legislación mal planeada! Volteo al cielo a punto de reventarse en tormenta e imploro ¿¡por qué los celos?! Así, así no se vale. Luego pienso en que quizás los cuernos sean la manifestación psico-alegórico-somática de los tacones. ¿Querías crecer doce centímetros? ¡Tómala! ¡Doce centímetros de cuernos! Me llevo las manos a la frente ¡santo cielo! ¡me atoraría en todos lados! Aunque podría enredarles flores todos los días... 

Esta moral idiota y cotidiana que pasó de la lapidación pública al escarnio privado. Ya veremos mañana, en el espejo, como lucen los cuernos... si en realidad son tales porque siempre cabe la posibilidad que fueran dos vulgares barritos excéntricamente dispuestos sobre la idiota frente que piensa y piensa y piensa... en todo, menos en lo que debe...


(Videíto para dar punch dramático al cuento de arriba)


 Esponjita que cuentea a ratos para descansar del sensus communis

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