
Todo corazón es un espejo donde se refleja el cosmos. Un espejo cuyas propiedades ópticas permiten que la inmensidad se cuele en nuestro diminuto cuerpo. Así que cuando se nos rompe el corazón lo que se ha fracturado es el mundo. Es como si las columnas que sostienen la bóveda celeste hubieran fallado y entonces despertáramos un día con la novedad de que el piso está lleno de pedacería de estrellas, soles y planetas.
¿Acaso se vuelven a soldar los pedazos de universo, o simplemente uno se acostumbra a vivir entre los escombros?
3 comentarios:
Saludos, gracias por compartir este texto.
Gracias por venir :D
Los añicos se sueldan, pero cambia la óptica del sistema, las cosas ya no se ven planas, tal vez cóncavas o convexas o una combinación de ambas. Se dice entonces que maduramos y que vemos las cosas desde otra perspectiva.
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