02 abril 2012

Concupiscencia de abrazo...





Ahí está la Ráfaga. Escúchenla por favor y luego sigan leyendo.


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Aquí, pues, una Ráfaga de Pensamiento, muy propia para los estados esponjosos de ánimo. Asumo que se trata de una imposibilidad teórica, como abrazar a Dios, a la verdad o a la belleza... a la belleza, inasible falsamente encarnada en un par de ojotes de borrego (cof, cof... ejem... perdón).

Y miren que la Fortuna ha dispuesto que esté, en estos momentos (los últimos tres años) embarcada en averiguar el papel de la imagen y los fantasmas en la filosofía aristotélica. Y para eso sirven, diría Aristóteles y hasta el mismo Agustín refiriéndose a Dios: para inteligir lo ininteligible, para poder pensar lo ilimitado en los límites de la imagen. Para que la determinada y limitada imagen, actualizándose, sea iluminada por lo ilimitado de la belleza universal. Y es ahí cuando, del signo, pasamos al símbolo – por ahí dicen.

Con todo, el fragmento se deja descontextualizar a gusto y en parte por el pequeño evolucionista que llevo dentro, no sé si esté de tan de acuerdo con las palabras de Agamben. Quizás sea al revés. Quizás Diótima no tuvo razón al decir que el amor por el hombre bello es amor por la belleza en sí. Es al revés,  creo yo, tal y como por ahí se supone que dijo Schopenhauer:

 “Por desinteresada e ideal que pueda parecer la admiración por una persona amada, el objetivo final es, en realidad, la creación de un ser nuevo, de determinada índole; y lo que lo prueba así es que el amor no se contenta con un sentimiento recíproco, sino que exige la posesión misma, lo esencial, es decir, el goce físico.” 
— Arthur Schopenhauer, Metafísica del amor

No sé. Supongo que Agamben estará caracterizando la naturaleza de la melancolía antes de que llegasen el par de voluntariosos alemanes. Pero insisto: la selección del fragmento permite descontextualizarlo a gusto. Y, en ese sentido la imposibilidad puede volverse algo mucho más contingente: aquello fue hecho para ser solamente visto... por mi (pues poseído ya es y en ello estriba la imposibilidad de que yo lo posea).

Y por eso, aunque ya no respecto a lo que dice Agamben, sino a lo que dice Priani, en algo sí estoy totalmente de acuerdo –y ¡oh esponja! la mitad de tus palabras son muestra de ello– Ante la imposibilidad de la efectuación del abrazo –sea cual sea el origen del impedimento:

 "...la posibilidad de la creación es la posibilidad de abrir –de generar– un espacio en donde ese abrazo sea posible; en donde aquello que fue visto –que fue hecho para ser visto– pueda ser abrazado"

...placebo de creación para inhabitados vientres pero, al fin, de creación... 




La Esponjis, venéreamente saturnina.


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