22 enero 2014

Peri hermeneias

Para explicarles a mis alumnos el porqué Platón postuló un mundo de las ideas, debí primero demostrarles que los puros ojos son incapaces de reconocer cosas significativas en el mundo. Me serví del famoso Patonejo

Es posible diseñar esta figura, les digo, porque mirar el mundo es interpretar. Pero ¿interpretan nuestros ojos? No. Ellos ven colores e intensidades de luz. Es lo único. Si es así ¿cómo es que el mundo no se nos aparece como un montón de manchas de colores? ¿cómo distinguimos los límites de un cuerpo respecto de otro? ¿cómo distinguimos entre el todo y la parte? Y acaso ¿parte y todo, identidad y diferencia, belleza, justicia y verdad, son categorías perceptibles? No, no se ven. Se entienden. Eso es lo que significa inteligible, esto es: entendible. El que entendamos lo que vemos es algo que, a su vez, no es sensible. Por eso el mundo inteligible es insensible. Si lo es, no puede ser corpóreo (pues los cuerpos se sienten). Si no es cuerpo ¿por qué cambiaría, y cómo? no se genera ni se destruye, es eterno y estable... y entonces ¿ahora entienden por qué Parménides inauguró la metafísica occidental?

Al iniciar el curso (el cual es de historia de la filosofía – mix pues tuve que darles Antigua y Medieval en un semestre), les dije que veríamos El problema de los universales. Y ¿cuál es ese? Entre más avanza el curso, cada vez comprendo más que se trata del problema central de la filosofía. Porque, si en ese inteligible topus uranus no hay una idea de belleza, no hay modo de que las proposiciones del tipo "S es Bello" sean falsas o verdaderas, lo cuál a nosotros ya no nos representa ningún problema, pero ¿qué tal como "Φ no es justo"? 

Lástima grande es entonces –como dice el chino de Königsberg– que la Metafísica siga siendo incapaz de transitar por el seguro camino de la Diosa...

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Fragmentos

Esclerosis. Eso me da y se me quita contigo. Se me quedan los dedos, las ideas y las palabras ateridas. Y yo me desespero porque sé que te asustas, te sacas de onda... y yo, esclerótica, sólo atino a contemplarlo todo. 

Me quité mi guardapelo del pecho. Ya me lo volví a poner. Todas las señas apuntan a un pato, pero ¿y si es conejo?

Esponjita ininteligible.

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PD: el guardapelo means la struggle por renunciar a la contemplación absoluta del amor platónico –su absoluta veneración correspondida siempre con dulzura y gentileza– en favor de un amor real y, por lo tanto, peligroso, capaz de mi destrucción total. Todo apunta a que es un pato pero ¿y si es conejo?

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